Durante más de dos décadas, la Escuela Parroquial Mixta ha convertido la tradición en una oportunidad para leer, pensar y construir conocimiento.
Mientras Plato, Magdalena, conmemora sus 400 años de historia, la Escuela Parroquial Mixta se prepara para una nueva edición de la Semana de la Nacionalidad y la Identidad Colombiana. Más que una celebración institucional, este proyecto representa una apuesta por preservar la memoria del territorio y acercar a las nuevas generaciones a las tradiciones que han dado forma a su identidad.

Todo territorio guarda historias que merecen seguir vivas en el tiempo. Algunas se escuchan en el sonido de un tambor, en una copla, en el recorrido del río Magdalena o en una historia que ha pasado de generación en generación. En la Escuela Parroquial Mixta, esas experiencias también hacen parte del aula.
Desde el año 2005, la institución desarrolla la Semana de la Nacionalidad y la Identidad Colombiana, una iniciativa que nació con un propósito claro: rescatar y preservar la cultura plateña para que las nuevas generaciones no solo la conozcan, sino que la comprendan, la valoren y la mantengan viva.

Lo que comenzó como una propuesta centrada en las estampas del carnaval y la leyenda del Hombre Caimán ha evolucionado hasta convertirse en una experiencia que involucra a toda la comunidad educativa. Cada año, un nuevo tema orienta el trabajo de estudiantes y docentes, quienes investigan diferentes aspectos de la historia, la cultura y las tradiciones colombianas, con una mirada especial hacia el territorio que habitan.
Durante más de veinte años, este proyecto ha demostrado que la escuela también puede convertirse en un espacio donde las tradiciones se estudian, se comprenden y se comparten.

Cuando una tradición encuentra nuevas herramientas
El proyecto ya hacía parte de la identidad institucional cuando comenzó el acompañamiento de la Fundación Social Alberto Merani a través de Lectores Competentes, un programa de desarrollo del pensamiento que acompaña a los colegios de la Red de Pedagogía Conceptual para fortalecer la competencia lectora mediante consultoría pedagógica, materiales propios y estrategias didácticas que promueven aprendizajes más profundos y significativos. Lejos de modificar la esencia del proyecto, este proceso fortaleció la manera en que estudiantes y docentes se acercan al conocimiento.
Las herramientas de la Pedagogía Conceptual, como los mentefactos, permitieron enriquecer los procesos de investigación, organización y comunicación de la información. Estos instrumentos de conocimiento ayudan a representar y relacionar conceptos de forma visual, favoreciendo una comprensión más profunda y una construcción más consciente de las ideas.

De esta manera, las exposiciones dejaron de ser únicamente un producto final para convertirse en el resultado de un proceso de lectura, análisis, interpretación y argumentación. Los estudiantes no solo preparan una presentación: desarrollan habilidades para comprender distintas fuentes, establecer relaciones entre conceptos y comunicar con claridad aquello que aprenden.
Ese acompañamiento también fortaleció el trabajo docente. A través de observaciones de clase, espacios de formación y criterios compartidos para revisar los productos elaborados por los estudiantes, el proyecto consolidó procesos cada vez más rigurosos sin perder el carácter creativo que lo ha distinguido desde sus inicios.
Para Daisy Badovinac, consultora pedagógica de la Fundación Social Alberto Merani, uno de los aspectos más valiosos ha sido observar cómo esa cultura pedagógica se mantiene viva con el paso del tiempo.
“Me encanta que, siendo un colegio con profesores que llevan muchos años y otros que apenas llegan, los docentes con más experiencia han logrado contagiar a las nuevas generaciones. No solamente hablo de los estudiantes, sino también de los profesores recién integrados.”
Una comunidad que aprende de su propia historia
Hoy el proyecto moviliza a toda la institución. Antes de las exposiciones, los desfiles y las muestras folclóricas, ocurre un proceso silencioso dentro de las aulas: los estudiantes investigan, leen, contrastan información y construyen colectivamente los productos que presentarán durante la Semana de la Nacionalidad y la Identidad Colombiana.
Durante las visitas al colegio, Daisy encontró una imagen que resume ese trabajo: estudiantes de diferentes edades utilizando las mismas herramientas para hablar de su cultura. Incluso en transición, gracias al acompañamiento entre docentes, los niños comienzan a reconocer qué elementos pertenecen y cuáles no hacen parte de su territorio, fortaleciendo desde muy temprano el sentido de pertenencia.

Para la consultora, esta experiencia demuestra que la propuesta pedagógica puede integrarse de manera natural con la identidad de una comunidad.
“Ellos realmente están mostrando que el modelo es aplicable a todo.”
Más que una afirmación sobre una metodología, esta idea refleja cómo el aprendizaje puede convertirse en una experiencia que conecta el conocimiento con la vida cotidiana, las tradiciones y la historia de un territorio.
Las tradiciones dejan de ser un recuerdo para convertirse en un legado.
Mientras Plato celebra cuatro siglos de historia, la Escuela Parroquial Mixta continúa demostrando que preservar la memoria también es una forma de educar. Más de dos décadas después de su creación, la Semana de la Nacionalidad y la Identidad Colombiana sigue reuniendo a estudiantes, docentes y familias alrededor de un mismo propósito: aprender para comprender quiénes somos y por qué vale la pena conservar aquello que nos identifica.
Cuando la escuela logra conectar el conocimiento con las raíces culturales, también se convierte en un puente entre generaciones.
Escrito por: Lorena Valero, Autora de Contenidos Pedagógicos. Fundación Social Alberto Merani.