Tres docentes del Colegio Moderno John Dewey fortalecieron sus prácticas desde la Pedagogía Conceptual.
«Si no logramos captar la atención de los estudiantes en los primeros minutos, será muy difícil recuperarla después.» – Johan Camilo Urrego, docente de Ciencias Sociales.
La reflexión de Johan Camilo Urrego, docente de Ciencias Sociales del Colegio Moderno John Dewey de Bogotá, resume una inquietud que comparten muchos educadores: cómo lograr que el aprendizaje despierte interés genuino y se convierta en una experiencia significativa para los estudiantes.
Esa misma pregunta, aunque desde perspectivas distintas, también acompañó a Nicolás Ángel Torres y Yersson Stevens Rincón Páez durante su participación en la formación de Estrategias Didácticas e Instrumentos de Pedagogía Conceptual de la Fundación Social Alberto Merani. A lo largo de este proceso formativo, los docentes fortalecieron proyectos pedagógicos que les permitieron reflexionar sobre su práctica, explorar nuevas herramientas y encontrar formas innovadoras de acompañar el aprendizaje.
Aunque cada uno desarrolló una propuesta diferente, las tres experiencias coincidieron en un propósito común: promover una participación más activa de los estudiantes y construir procesos de enseñanza más conscientes, estructurados y significativos.
Estas experiencias muestran tres formas distintas de transformar el aprendizaje: motivar desde la curiosidad, desarrollar el pensamiento inferencial y aprender investigando.
Motivar desde la curiosidad
Para Johan Camilo Urrego, el interés estuvo puesto en la motivación como punto de partida del aprendizaje. Su proyecto, Disonancias que enseñan: estrategias de motivación para el aprendizaje de las Ciencias Sociales desde la Pedagogía Conceptual, surgió a partir de una reflexión sobre sus propias experiencias escolares. Durante años observó cómo la
enseñanza de las Ciencias Sociales podía reducirse a la memorización de datos o a actividades repetitivas que dificultaban el interés de los estudiantes.
En la formación encontró una herramienta que le permitió organizar y comprender mejor muchas de las estrategias que ya aplicaba en el aula: la disonancia cognitiva. Este concepto se refiere a la tensión que se genera cuando una persona encuentra información que desafía sus conocimientos previos, despertando preguntas y motivación por aprender. A partir de esta idea, Johan sistematizó diversas actividades orientadas a captar la atención de los estudiantes desde el inicio de las clases y a fortalecer su participación durante el proceso de aprendizaje.
Desarrollar el pensamiento inferencial
Desde otra perspectiva, Nicolás Ángel Torres, docente de Matemáticas y Tecnología, se enfocó en una habilidad que considera fundamental para comprender el mundo: la inferencia. Su proyecto, Leer lo invisible: inferir para comprender, examinar y anticipar, buscó fortalecer la capacidad de los estudiantes para construir conclusiones a partir de la información que observan, leen o experimentan.
La propuesta partió de una pregunta sencilla pero poderosa: ¿qué puedo inferir de la información que observo, leo o experimento? Para desarrollarla, Nicolás utilizó mentefactos proposicionales modales, una herramienta de la Pedagogía Conceptual que permite representar relaciones lógicas y argumentativas de manera visual. Más allá de una estrategia para una asignatura específica, el docente descubrió que la inferencia puede convertirse en una habilidad transversal capaz de enriquecer el aprendizaje en distintas áreas del conocimiento.
El proceso también le permitió reconocer el valor del trabajo colaborativo. Aunque inicialmente planteó una propuesta independiente, encontró puntos de encuentro con otros proyectos desarrollados en la institución, especialmente con la experiencia liderada por Yersson Rincón, lo que enriqueció la construcción colectiva del conocimiento.
Aprender investigando
Precisamente, una de las experiencias más significativas surgió desde las áreas de Tecnología, Programación y Ciencias. Yersson Stevens Rincón Páez, desarrolló la Estación Meteorológica de Lorenz, un proyecto que integró la construcción de instrumentos meteorológicos, la comprensión de fenómenos atmosféricos y el uso de herramientas tecnológicas.
Aunque la iniciativa había comenzado antes de la formación, esta le brindó una estructura pedagógica más sólida para orientar el trabajo con los estudiantes. Herramientas
como el hexágono pedagógico, que permite organizar los elementos esenciales del proceso de enseñanza, y los mentefactos procedimentales, que ayudan a representar secuencias de acciones de manera clara, facilitaron la planificación y ejecución de las actividades.
Durante la construcción de instrumentos como el anemómetro, los estudiantes no se limitaron a seguir instrucciones. Por el contrario, comenzaron a formular preguntas sobre aspectos relacionados con la precisión de las mediciones, como la longitud de las aspas o la influencia de la fricción. Estas inquietudes dieron lugar a discusiones, hipótesis y análisis que enriquecieron la experiencia y fortalecieron el pensamiento crítico.
Para Yersson, uno de los mayores logros del proyecto fue el protagonismo alcanzado por los estudiantes en situación de inclusión. Su participación activa demostró que, cuando se crean condiciones adecuadas para el aprendizaje, todos los estudiantes pueden aportar, construir conocimiento y asumir un papel relevante dentro de la experiencia educativa.
Más allá de los proyectos desarrollados, los tres docentes coinciden en destacar el valor de las herramientas aprendidas durante su formación en pedagogía conceptual. La secuencia didáctica, los mentefactos y otros instrumentos de conocimiento les permitieron fortalecer la planeación de sus clases, organizar mejor los procesos de aprendizaje y reflexionar sobre el propósito de las experiencias que proponen a sus estudiantes.
Las iniciativas desarrolladas en el Colegio Moderno John Dewey muestran que la innovación educativa puede manifestarse de múltiples maneras: en una pregunta que despierta la curiosidad, en una estrategia que fortalece el pensamiento inferencial o en un proyecto científico que invita a investigar y construir explicaciones propias. En todos los casos, el eje común fue la búsqueda de aprendizajes más participativos y significativos.
John Dewey afirmaba que aprendemos haciendo. Las experiencias desarrolladas por Johan, Nicolás y Yersson muestran que esa idea sigue vigente cuando los docentes se permiten aprender, cuestionar sus propias prácticas y construir conocimiento junto con sus estudiantes. Allí, más que en los proyectos mismos, permanece el verdadero legado de una comunidad educativa comprometida con transformar el aprendizaje.
Escrito por: Lorena Valero, Autora de Contenidos Pedagógicos. Fundación Social Alberto Merani.